Tododenadie’s Weblog











{Mayo 7, 2008}   Un cuento real

 

 

Un cuento real

 

En una ciudad reinaba

por encima de la burguesía

una reina aclamada

por los súbditos que dirigía.

 

La princesa era preciada

por cualquiera que la conocía,

ya que ella era agraciada

y todo el mundo la quería.

 

El rey muy gordo estaba

por lo mucho que siempre comía,

pues él nunca caminaba

dormía,dormía y dormía.

 

En el cielo el sol brillaba

y el gran castillo relucía

para la ciudad poblada

de la hermosa reina Lucía.

 

Por el camino llegaba

una enorme y larga caballería.

En el centro se encontraba

el príncipe de Almería.

 

El principe les rogaba

la mano noble que él más quería,

la de la princesa hallada

dentro del castillo de Lucía.

 

Cuando el rey se despertara

¡qué gran sorpresa se llevaría!

Su fantástica hija ya no estaba,

gobernaba en Almería.

 

Y colorín colorado,

este cuento se ha acabado.

María Antonieta

 

 

 

 

 

 



{Mayo 7, 2008}   Pequeño teatro
PRIMER ACTO

 

En el escenario aparece un campo verde con dos robles, tiendas de campaña al fondo y un río pequeño al lado. Un cielo azul muy despejado y un sol resplandeciente en lo alto. en el plano principal un grupo de niños juega al escondite con dos monitores.
 

  -Monitor : ¡Venga, a esconderse!. ¡Contamos hasta cien!

-Monitora (dirigiéndose a los niños): Bueno, ahora que estamos todos otra vez nos toca pandar a nosotros.

Salen todos los niños corriendo de la escena, excepto los dos protagonistas, que se esconden detrás de los robles. Los monitores acaban de contar y salen también del plano.
 

  -Nico (con cara de enfado): ¡Jo me estoy aburriendo!

  -Eva: Yo también. Me lo pasaba mejor en el parque con mi hermana. ¿Tú tienes hermanas?

  -Nico: No, pedí a los reyes un hermano por Navidad y mis papás me dijeron que me lo traerían el año que viene.

  -Eva (asombrándose): ¡Ala! A lo mejor mi hermana también me pidió a los reyes.

  -Nico: ¿Y a mi quién me pidió?

  -Eva (pensativa): Mmm…A lo mejor fueron tus papás.

  -Nico (echándole la lengua): No, lista. A los mayores no les traen nada porque tienen dinero que se lo da un señor muy rico, muy rico, muy rico y compran muchas cosas.

  -Eva: ¿Y quién es ese señor?

  -Nico: A lo mejor es Dios,o el Rey, o… no se.

  -Eva: Mi papá me dijo que su abuelito estaba con Dios y a lo mejor por eso le envía dinero.

  -Nico: ¿Y dónde está Dios?

  -Eva: No lo sé. ¿Se lo preguntamos a los monitores?

  Aparecen los dos monitores y los niños se callan. Los buscan por toda la escena y finalmente se dirijen a donde se encuentran.

  -Monitora (sonriente): ¡Os hemos encontrado!

  -Monitor: Venga, a lavarse las manos que vamos a merendar.

 Salen todos de la escena y fin del primer acto.

SEGUNDO ACTO

En la escena aparece un comedor con mesas largas y pequeñas, de madera, pintadas de colores vivos. Los niños sentados y con la merienda preparada. Hay también una mesa grande donde están los monitores. Delante están Nico y Eva con una silla vacía al lado.
 
 -Nico (a la monitora): ¡Rosaaaaaa! ¡Falta Raúl!
 
 -Rosa (muy angustiada): ¿Cómo que falta Raúl? ¿No estará en al baño?
 -Nico: No, fuí yo el último en salir.
 -Rosa (casi llorando): Voy a salir a buscarlo. No os mováis de aquí. Quedáis con Fran.
Sale Rosa corriendo y se cambia de escena. Aparece Raúl en medio de un bosque de robles, sentado en el suelo.
  -Raúl (asustado): ¡Qué hago! ¡Qué hago! Tengo miedo. ¿Donde están los demás? ¿Jo, por qué me pasa esto a mi? ¡Nunca volveré a un campamento! Tendré que estar aquí toda la noche y a lo mejor hay lobos y vienen comerme como a Caperucita y no hay abuelita que no está aquí conmigo (llorando) y, y, y no hay leñador ni nadie que me salve. Debería haber ido pa´ la casa de los abuelos pero no hay niños con quién jugar y me aburro mucho. Cuando vuelva a casa le voy a decir a mi mamá que quiero ir con ella en vacaciones el año que viene. Sin mis juguetes me aburro mucho y de noche no tengo cama para dormir. Me estoy muriendo de hambre y no hay nocilla. Me voy a sentar que estoy cansado de estar de pie.(Se sienta y después de un rato en silencio comienza a cantar). Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araaaña…
  -Rosa: ¡Raúl!¡Menos mal que te he encontrado!¡Estábamos preocupadísimos por ti!
  -Raúl: ¡Pasé mucho miedo! ¡Y tengo mucho hambre!
  -Rosa:Tranquilo cielo,vamos ahora al comedor y ya te doy la merienda.

Salen de la escena.

 



{Mayo 7, 2008}   Aprender a pensar

 

APRENDER A PENSAR

 

 

 Entraban en clase de Ética después del recreo. Cuando el profesor escribió, como hacía siempre, el tema a tratar, los alumnos empezaron a murmurar sobre ello. Para muchos era un tema tabú con sus padres, para otros algo muy común, pero sin embargo era un tema actual: LA SEXUALIDAD. Pedro, que así se llamaba el profesor, leyó en voz alta la introducción del libro, que decía:

 ”¿Qué es la sexualidad? No es sólo sexo, sino cada una de las partes de nuestro cuerpo, desde que nacemos hasta que morimos somos individuos sexuales”.

 Todos rieron pero, cuando Pedro comenzó a hablar, lo escucharon atentamente y luego se quedaron pensativos. Les encargó a los alumnos un trabajo sobre el tema para el final de la clase. Al día siguiente, llegó a clase y les dijo:

 

 ¾

 

Los trabajos están bastante bien. Algunos lo dejaron en blanco, como Marina, otros se desviaron del tema, como Enrique. Pero lo único que habéis captado es la parte teórica, lo que pone en el libro. Y los rompió.

 

 ¾

 

¡Eso es injusto! ¡Has dicho que estaban bien! – dijo Sara, una chica rebelde pero aplicada, con una gran conciencia.

 

 ¾

 

Pero, ¡qué hace el notas ese que nos jode la movida esa! ¡Con lo que curramos! – dijo Iván, el macarra legal.

 

 ¾

 

Chicos, chicos, calmaos todos. Esto no es lo que parece – sentenció Pedro.

 

 ¾

 

Ok. Pero danos una explicación – dijo Tatiana, la delegada.

 

 ¾

 

Vuestro fallo es que no lo pensáis. Os limitáis a lo del libro, no es que esté mal, pero ya que estamos en Ética, debería ser una reflexión más profunda.

 ¾ ¡Yo eso no sé hacerlo! – exclamó Marina.

 

 ¾

 

Sí sabes, pero no sé por qué te haces la dura – contestó Pedro – Así que ahora vamos a profundizar en el tema todos juntos. Y no vale quedarse callado – añadió mirando a Enrique – Hay muchas formas de sentir la sexualidad: sadomasoquismo, abstención, petting, heterosexualidad, homosexualidad…

 

 ¾

 

¡Bua colega! ¡Pero esa movida es mu chunga pa los notas esos! ¡Qué hagan lo que quieran pero a mí que no se me acerquen tío! – exclamó alterado, como de costumbre, Iván.

 

 ¾

 

¡Pero tío, no jodas! Cada uno es como es. Si a ellos les va eso ¿qué? – protestó Sara.

 

 ¾

 

Bien, ya tenemos tema a debatir. Enrique, ¿ tú que piensas? – dijo Pedro.

 

 ¾

 

Yo, yo, yo, yo… yo no… yo no sé nada – respondió.

 Hubo una carcajada general. No entendían el nerviosismo por hablar en alto. ¿Sería por la misma razón por la cual no se atrevía a hablar con una chica?. Como comenzaron a murmurar, Pedro les interrumpió:

 

 ¾

 

¿Alguien quiere compartir su opinión? – todos callaron – ¿Nadie? Está bien. Os contaré una historia:

 ”Vosotros no tendréis ese problema porque la sociedad , por suerte, ha avanzado mucho. Pero, cuando yo estudiaba en el instituto, la homosexualidad era como si estuvieras enfermo o cometiendo un grave delito. Recuerdo que un día llegó un chico nuevo al instituto, sus padres eran ricos y él muy popular. Todas las chicas estaban locas por él, todo el mundo quería ser su amigo, hasta que una chica guapísima le quiso besar y la rechazó; dijo que era gay.

 ¾ ¡Bua tío! ¡Que movida la del notas ese! – le interrumpió Ivan.

 

 ¾

 

Tras este comentario, muy habitual en él, Pedro continuó:

 ”Ni te lo imaginas. Durante el resto del curso el chico lo pasó muy mal. Nadie quería saber nada más de él porque pensaban que era contagioso. El curso siguiente se fue a otro instituto y le pasó lo mismo durante toda su carrera. Pero salió adelante, encontró nuevos amigos que le ayudaron. Sacó su carrera con muy buenas notas y hoy es profesor de ética en un instituto y da clases de sexualidad.”

 ¾ ¿Es de por aquí? – preguntó Sara.

 

 ¾

 

Sí, lo tenéis delante – contestó Pedro.

 Todos se quedaron boquiabiertos con la inesperada noticia. ¿El profe más enrrollado de todo el insti es gay? Nadie se lo podía creer. ¿Cómo no se habían dado cuenta antes? Parecía un Don Juan. Era guapo, inteligente, alto, con buen tipo y joven. Todos creían que tenía novia porque llebava un anillo de compromiso pero, cuando alguien le preguntaba algo al respecto, nunca hablaba de ello. Pensándolo bien, todo cuadraba.

 

 ¾

 

¡Qué fuerte! El único profe guapo y es gay. Si es que ya lo decía yo, todos los hombres guapos están pillados o son gays, y encima este las dos cosas – sususrró Tatiana a sus compañeras.

 

 ¾

 

¡Manda huevos! Nos ponen a un marica pa que nos de clase de Ética. El mundo ta mu mal – comentó en alto Marina.

 

 ¾

 

¡Pero tú qué dices loca! Aquí la única que está mal eres tú, flipada. Y si es gay y a él le mola, ¿qué? – protestó Sara.

 Y con esta revelación del profesor comenzó una disputa en el aula. Él, callado, reflexionaba si habría hecho bien al desvelarles esto a sus alumnos. Como esa situación de gritos e insultos iba a peor decidió terminar con ella y les dijo:

 

 ¾

 

Bueno, callaos. Se acabó la discusión. Yo ya he contado mi historia, ahora os toca a vosotros. Venga, ¿quién se anima? No hace falta que sea directamente vuestra historia, podéis contar cualquiera que conozcáis sin decir nombres.

 

 ¾

 

Vale, la cuento yo – dijo Sara:

 ”Yo tengo una amiga que llebava dos años con su novio y como confiaba mucho en él aceptó su propuesta y empezó a tomarse la píldora para dejar de usar el preservativo en sus relaciones sexuales. Durante un tiempo todo iba bien, hasta que un día me dijo que le dolían mucho los genitales. Pedimos cita en la ginecóloga y nos dijo que lo que tenía era gonorrea. Se asustó mucho porque pensó que se iba a morir, pero la doctora nos explicó que se podía tratar con antibióticos. Le dijo que su pareja se tenía que hacer las pruebas y cuando ella se lo dijo a él le confesó que le había sido infiel. Ella lo dejó y nunca volvió a mantener relaciones sin preservativo.”

 

 ¾

 

Me toca a mí. Tengo que confesaros algo que esta noche confesaré a mis padres. Hace mucho que tengo dudas acerca de mi orientación sexual y creo que yo también soy gay. No sabía si contarlo pero cuando escuché la historia de Pedro me di cuenta de que no valía la pena ocultarlo – anunció Enrique.

 A diferencia de lo que le había ocurrido al profesor, Enrique nunca tuvo problemas por el hecho de ser homosexual. Todos le apoyaron y le ayudaron en los momentos difíciles, ya que después de esa clase algo había cambiado: todos eran un poco más adultos.

 

   

  Victoria



{Mayo 7, 2008}   ¡¡Maldita condena!!

 ¡MALDITA CONDENA!

 

Estaba oscuro, hacía frío. La pobre niña estaba desangrándose, inspiraba pena. Tenía heridas por todo el cuerpo, le dolían, sentía como si unas afiladas espadas se le clavaran en los ojos.

Cuando el sombrío pueblo se quedó vacío después de los crímenes, nadie, incluso ni el viejo e inteligente tendero del pueblo, se atrevió a volver. Todo destruido tras los ataques, todo; ni un rastro de la humildad que allí se respiraba.

Aquel día fue raro desde sus comienzos. Había una niebla espesa, con un olor pesado, cargado, pero la gente lo vivía como si de otro día más se tratara. A las diez de la mañana, el carnicero abrió la tienda, como de costumbre, y al ir al almacén, descubrió unas pisadas de sangre que le conducían al exterior. Pensó que eran de la carne que le habían llevado hacía poco, así que las limpió y siguió trabajando. Más tarde, fue a la cámara frigorífica a por carne y descubrió algo que no era lo que le traían normalmente; estaba lleno de sangre, agujeros, cortes…era el cadáver de una niña. Él trató de ocultarlo. Sería una tarea sencilla, ya que era huérfana y no se notaría su desaparición a menos que se descubriera su cuerpo.

Esa noche se sentía mal, como si acabara de hacer algo malo, como si de verdad acabara de asesinar a esa niña. Se acostó, no durmió bien. Cuando se levantó, tenía la enorme necesidad de acabar con ese sentimiento de culpabilidad. Se suicidó.

Nada se descubrió, la vida en el pueblo continuó como normalmente. Ningún testigo de lo que había ocurrido.

Cuando el repartidor de carne vio que el carnicero había muerto y que nadie hacía nada, utilizó la tienda como matadero. Los vecinos se extrañaron del mal olor que había allí, pero no sabían que el hedor no salía de sus casas, sino de la tienda de al lado, por lo que al limpiarlas, no consiguieron nada.

El joven seguía haciendo su trabajo, asesinando a niñas y sacándoles los ojos. No se sentía mal, a lo contrario, luchaba por conseguirlo, por conseguir unos ojos que le encajasen a su hija.

La pequeña había sufrido un accidente a los cinco años que la había dejado sin vista. Era de noche y, debido a su sonambulismo, paseaba por la casa sin un rumbo fijo. En esa vieja casa en la que vivían, había una habitación muy grande, oscura, profunda, cuyo interior desprendía un fuerte olor a huevo podrido.

La puerta estaba fuertemente cerrada, pero cuando la niña la tocó, se abrió sin temor alguno para mostrar lo que en su interior escondía. Fue en ese momento cuando una fuerte luz salió directamente a los ojos de la pequeña; ésta se quedó ciega para siempre. El enorme impacto hizo que se desmayara. A raíz de ese suceso, su padre, su única familia, intentará con todas sus fuerzas encontrar unos ojos para que su hija vuelva a ver. No va a ser fácil.

En el pueblo cada vez había más inquietud, asesinatos, maldad…pero lo curioso es que ningún cuerpo se hallaba y el mal olor no había desaparecido. Los vecinos, locos por terminar con eso, decidieron desalojar todas las casas y registrarlas una a una para eliminar ese mal olor que flotaba en el aire y que no les dejaba vivir. Todo fue inútil.

Mientras tanto, en casa de la niña todo volvió a la normalidad . cuando ésta despertó, estaba en la cama y su padre se había ido a “trabajar”.

Sí, la pequeña tenía aún muy pocos años, pero a pesar de eso, tenía una inteligencia sobrenatural. No se quedó tranquila, al contrario, trató de averiguar por qué no estaba donde había quedado anoche. Volvió a aquella habitación. Esta vez no fue tan sencillo encontrarla. Llegó y tocó la puerta con sus manos, algo pasó, sintió un escalofrío que le indicaba que dentro había algo terrible de lo que ella no era consciente. Del interior sonó un suspiro, una palabra: ¡ ayuda…!, que la inquietó; cada vez tenía más ganas de descubrir lo que se escondía tras esa puerta. Ella no respondió, pero fuera lo que fuera lo que le había hablado, decidió que la niña debía entrar y le abrió la puerta. Estaba perdida, debido, sobre todo, a su enfermedad, pero también al hecho de que algo le esperaba y no sabía qué.

Entró, notó un olor familiar a pesar del hedor. Sí, era su abuelo. Llevaba encerrado allí dentro gran parte de su vida, condenado a sufrir. Era una bestia, un bicho enorme, con garras y afilados dientes deseando encontrar carne fresca y saciar su apetito. Pero no convirtió a la niña en una de sus presas. En el fondo, sabía que era sangre de su sangre y que era la única que podía ayudarle. En el suelo había huesos, huesos humanos. Eran los restos de la comida que cada día le daba su hijo. Una buena tapadera para que no se descubrieran los crímenes. Después de todo, nadie sabía de la existencia de este ser. No había nacido así, había sido condenado a vivir de esa manera porque, un día, en un arrebato de locura, mató a su mujer dejando a su hijo solo, sin madre. Éste, cuando fue haciéndose un poco mayor, le plantó cara y le echó, de alguna manera, esa maldición que se llevaría a la tumba. Lo encerró para siempre en esa habitación. Años después, nació su hija y todo empezó.

La niña, al ver ese engendro, se asustó y echó a correr, pero algo le impidió escapar. La puerta se cerró de golpe. Su abuelo estaba enfadado, llevaba una semana sin comer…intentó zamparse a la niña. La arañó, le clavó sus afilados dientes hasta llegarle a los huesos…pero, de repente, llegó su hijo, el cual le dio un enorme golpe en la cabeza. La pequeña logró huir.

Era de noche y hacía frío. La pequeña estaba desangrándose, inspiraba pena. Tenía heridas por todo el cuerpo; le dolían, sentía como si unas afiladas espadas se le clavaran en los ojos.

Una enorme pelea entre padre e hijo acababa de empezar. Rencor y fuerza hicieron que la bestia ganara la batalla. Mató a su hijo. Luego, el engendro gritó con todas sus fuerzas, dispuesto a acabar con todo aquel que se le pusiera por delante.

En primer lugar, siguió el rastro de la pequeña, que le conducía al cementerio. Todo estaba muy oscuro, lo que hizo que por un momento el engendro se perdiera. Estaba en el centro del pueblo. Como la niña no aparecía y estaba hambriento, iba comiendo a todas las personas que se encontraba, dejando todo en ruinas .

Dado que estaba maldito por su hijo, sólo existía una forma de matarlo: clavarle una estaca de hierro en el corazón, previamente bendecida, y luego prenderle fuego.

La niña tenía suerte, ya que el monstruo no podía entrar en recintos sagrados.

Un viejo amigo del abuelo de la niña, el cura del pueblo, sabía lo de la maldición, por lo que, al darse cuenta de que estaba allí, llevó a cabo el procedimiento necesario para acabar con él. Un paso en falso y el cura acabaría en la boca del engendro. Pero todo salió bien. La niña desde entonces se fue con él a otro lugar y la bestia fue enterrada.

Después de todo lo ocurrido, nadie se atrevió a volver al pueblo. Incluso hay rumores de que cada noche de luna llena, en el lugar en donde está sepultado el monstruo, la tierra tiembla y sale una luz cegadora, indicando que en la bestia, a pesar de todo, sigue habiendo vida.

La pequeña, durante años, fue una niña normal, pero creció y cuando la luna estaba llena, le ocurría algo “inexplicable”. El cura no le había dado importancia al mordisco que aquel enorme engendro le había propinado, pero…¿continuaría la maldición?

 

 

Matilda.

 

 

 

 



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