APRENDER A PENSAR
Entraban en clase de Ética después del recreo. Cuando el profesor escribió, como hacía siempre, el tema a tratar, los alumnos empezaron a murmurar sobre ello. Para muchos era un tema tabú con sus padres, para otros algo muy común, pero sin embargo era un tema actual: LA SEXUALIDAD. Pedro, que así se llamaba el profesor, leyó en voz alta la introducción del libro, que decía:
”¿Qué es la sexualidad? No es sólo sexo, sino cada una de las partes de nuestro cuerpo, desde que nacemos hasta que morimos somos individuos sexuales”.
Todos rieron pero, cuando Pedro comenzó a hablar, lo escucharon atentamente y luego se quedaron pensativos. Les encargó a los alumnos un trabajo sobre el tema para el final de la clase. Al día siguiente, llegó a clase y les dijo:
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Los trabajos están bastante bien. Algunos lo dejaron en blanco, como Marina, otros se desviaron del tema, como Enrique. Pero lo único que habéis captado es la parte teórica, lo que pone en el libro. Y los rompió.
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¡Eso es injusto! ¡Has dicho que estaban bien! – dijo Sara, una chica rebelde pero aplicada, con una gran conciencia.
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Pero, ¡qué hace el notas ese que nos jode la movida esa! ¡Con lo que curramos! – dijo Iván, el macarra legal.
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Chicos, chicos, calmaos todos. Esto no es lo que parece – sentenció Pedro.
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Ok. Pero danos una explicación – dijo Tatiana, la delegada.
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Vuestro fallo es que no lo pensáis. Os limitáis a lo del libro, no es que esté mal, pero ya que estamos en Ética, debería ser una reflexión más profunda.
¾ ¡Yo eso no sé hacerlo! – exclamó Marina.
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Sí sabes, pero no sé por qué te haces la dura – contestó Pedro – Así que ahora vamos a profundizar en el tema todos juntos. Y no vale quedarse callado – añadió mirando a Enrique – Hay muchas formas de sentir la sexualidad: sadomasoquismo, abstención, petting, heterosexualidad, homosexualidad…
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¡Bua colega! ¡Pero esa movida es mu chunga pa los notas esos! ¡Qué hagan lo que quieran pero a mí que no se me acerquen tío! – exclamó alterado, como de costumbre, Iván.
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¡Pero tío, no jodas! Cada uno es como es. Si a ellos les va eso ¿qué? – protestó Sara.
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Bien, ya tenemos tema a debatir. Enrique, ¿ tú que piensas? – dijo Pedro.
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Yo, yo, yo, yo… yo no… yo no sé nada – respondió.
Hubo una carcajada general. No entendían el nerviosismo por hablar en alto. ¿Sería por la misma razón por la cual no se atrevía a hablar con una chica?. Como comenzaron a murmurar, Pedro les interrumpió:
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¿Alguien quiere compartir su opinión? – todos callaron – ¿Nadie? Está bien. Os contaré una historia:
”Vosotros no tendréis ese problema porque la sociedad , por suerte, ha avanzado mucho. Pero, cuando yo estudiaba en el instituto, la homosexualidad era como si estuvieras enfermo o cometiendo un grave delito. Recuerdo que un día llegó un chico nuevo al instituto, sus padres eran ricos y él muy popular. Todas las chicas estaban locas por él, todo el mundo quería ser su amigo, hasta que una chica guapísima le quiso besar y la rechazó; dijo que era gay.
¾ ¡Bua tío! ¡Que movida la del notas ese! – le interrumpió Ivan.
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Tras este comentario, muy habitual en él, Pedro continuó:
”Ni te lo imaginas. Durante el resto del curso el chico lo pasó muy mal. Nadie quería saber nada más de él porque pensaban que era contagioso. El curso siguiente se fue a otro instituto y le pasó lo mismo durante toda su carrera. Pero salió adelante, encontró nuevos amigos que le ayudaron. Sacó su carrera con muy buenas notas y hoy es profesor de ética en un instituto y da clases de sexualidad.”
¾ ¿Es de por aquí? – preguntó Sara.
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Sí, lo tenéis delante – contestó Pedro.
Todos se quedaron boquiabiertos con la inesperada noticia. ¿El profe más enrrollado de todo el insti es gay? Nadie se lo podía creer. ¿Cómo no se habían dado cuenta antes? Parecía un Don Juan. Era guapo, inteligente, alto, con buen tipo y joven. Todos creían que tenía novia porque llebava un anillo de compromiso pero, cuando alguien le preguntaba algo al respecto, nunca hablaba de ello. Pensándolo bien, todo cuadraba.
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¡Qué fuerte! El único profe guapo y es gay. Si es que ya lo decía yo, todos los hombres guapos están pillados o son gays, y encima este las dos cosas – sususrró Tatiana a sus compañeras.
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¡Manda huevos! Nos ponen a un marica pa que nos de clase de Ética. El mundo ta mu mal – comentó en alto Marina.
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¡Pero tú qué dices loca! Aquí la única que está mal eres tú, flipada. Y si es gay y a él le mola, ¿qué? – protestó Sara.
Y con esta revelación del profesor comenzó una disputa en el aula. Él, callado, reflexionaba si habría hecho bien al desvelarles esto a sus alumnos. Como esa situación de gritos e insultos iba a peor decidió terminar con ella y les dijo:
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Bueno, callaos. Se acabó la discusión. Yo ya he contado mi historia, ahora os toca a vosotros. Venga, ¿quién se anima? No hace falta que sea directamente vuestra historia, podéis contar cualquiera que conozcáis sin decir nombres.
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Vale, la cuento yo – dijo Sara:
”Yo tengo una amiga que llebava dos años con su novio y como confiaba mucho en él aceptó su propuesta y empezó a tomarse la píldora para dejar de usar el preservativo en sus relaciones sexuales. Durante un tiempo todo iba bien, hasta que un día me dijo que le dolían mucho los genitales. Pedimos cita en la ginecóloga y nos dijo que lo que tenía era gonorrea. Se asustó mucho porque pensó que se iba a morir, pero la doctora nos explicó que se podía tratar con antibióticos. Le dijo que su pareja se tenía que hacer las pruebas y cuando ella se lo dijo a él le confesó que le había sido infiel. Ella lo dejó y nunca volvió a mantener relaciones sin preservativo.”
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Me toca a mí. Tengo que confesaros algo que esta noche confesaré a mis padres. Hace mucho que tengo dudas acerca de mi orientación sexual y creo que yo también soy gay. No sabía si contarlo pero cuando escuché la historia de Pedro me di cuenta de que no valía la pena ocultarlo – anunció Enrique.
A diferencia de lo que le había ocurrido al profesor, Enrique nunca tuvo problemas por el hecho de ser homosexual. Todos le apoyaron y le ayudaron en los momentos difíciles, ya que después de esa clase algo había cambiado: todos eran un poco más adultos.
Victoria